Un día diferente en la vida de Carmen (100 años)

VITA centenariaSon las doce de la mañana y, un día más, Carmen ya está sentada en el que podríamos denominar “su” sillón. Ubicado en un rincón del amplio salón podría decirse que el sillón hasta se hubiese moldeado a su forma. Ella mira a través de la ventana el exterior como si nadie la comprendiese y de una manera particular es así. Interiormente se siente incomprendida, pero acepta humildemente esta situación.

Apenas se qué le ha llegado a pasar a lo largo de su vida para terminar sentada en aquel sillón. El tiempo no es algo que le inquiete, dispone de todo el del mundo. Carmen está muy bien atendida, no carece de nada, únicamente la comprensión de una mujer luchadora que se ha comprometido con los suyos con mucho amor.

Pese a que jamás pudiera imaginar que acabaría así, el modo y ritmo de vida en estos momentos hace muy complicado en muchas ocasiones compaginar el trabajo con el cuidado de las personas mayores. Ella, que viajó entre otros lugares a Africa, China e India cuando era más joven, sabe que en otros países la familia se hace cargo de las personas mayores y son considerados como personas con una amplia experiencia. Aquí, como bien conocemos la vida es más dura si no trabajas y tienes un buen salario. Para atender a una persona se requiere mucha paciencia, y Carmen sabe a ciencia cierta que los suyos no harían todo esto de hacerse cargo de ella.

Su familia prefiere que esté en un lugar e ir a visitarla, aunque su deseo es estar con sus nietos y bisnietos de una forma más cercana y diaria, como ella hizo anteriormente con sus padres y estos con los suyos. Tampoco se queja en exceso porque vienen cada tarde a verla, se van turnando. Un día viene Marcelo y otro día Mari Carmen. Le traen lo que precisa, pero se da cuenta de que ya no necesita nada material. Lo que le falta es llenar ese vacío que siente en su interior y que por momentos a veces le hace derramar unas lágrimas, pero ella suspira y lo acepta.

 

De vez en cuando, se da cuenta de que la única forma para superar esta situación es pasar por el mismo trance. A pesar de que conserva íntegramente su memoria y recuerda los buenos tiempos (cuando le gustaba un chico o presumía con sus amigas de los hijos y los nietos,...), desde que falleció José Ramón (su marido) experimentó un bajón muy fuerte, ya que estaba muy unida a él y fue un golpe muy duro para ella.

Hoy es 8 de marzo, su cumpleaños, pero nadie la ha felicitado, ni siquiera la auxiliar que se encarga de ella. Además, mañana es día de trabajo y sabe que será un día como cualquier otro, a pesar de que ella siempre cuidó ese tipo de detalles, aniversarios y gustos personales de todo el mundo. Debió ser una persona muy especial. Después de comer y habiendo descansado una hora recibimos la visita de la terapeuta que les da musicoterapia. Después de la música, la han llevado a dar un paseo por el exterior, ya que hace un día extraordinario.

 

Al finalizar el paseo a media tarde, se dirigen a una sala que se tiene dedicada para eventos, reuniones, etc.., “¿Por qué venimos aquí? Yo no tengo que hacer nada en este lugar”, piensa sin decir nada. Entra en la sala y todo está a oscuras, “ay, ay, ay, qué mala espina”.

Se encienden las luces y se encuentra con sus hijos, nietos, bisnietos (la familia al completo), alguna amiga más joven que ella y alguna representante de la residencia como la auxiliar (los más íntimos). 

 

Carmen cumple 100 años. ¡¡¡¡¡¡SORPRESA!!!!!!!

María José Torregrosa
Auxiliar de Geriatría
VITA Servicios Sociales

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